De la pandemia a “la piragua”, conexión y transformación socio emocional para aprendizajes en familia From the pandemic to “la piragua”, connection and emotional partner transformation for family learning

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Daniel Antonio Jiménez Jaimes

Resumen

El presente artículo hace referencia a la propuesta de atención pedagógica musical en tiempos de pandemia y confinamiento a partir de mecanismos epigenéticos de reflexión propositiva frente a las necesidades de la nueva realidad educativa, familiar y social. Se presenta cómo estos mecanismos favorecen la transformación de paradigmas en los modelos de aprendizaje y cómo la atención socioemocional es fundamental en la motivación estudiantil de continuar aprendiendo con más gusto y entusiasmo, junto con el acompañamiento comprometido de sus familias. 

This article refers to the proposal for musical pedagogical attention in times of pandemic and confinement based on epigenetic mechanisms of propositional reflection in the face of the needs of the new educational, family and social reality. It presents how these mechanisms favor the transformation of paradigms in learning models and how emotional partner attention is fundamental in the student’s motivation to continue learning more gladly and enthusiastically, this with the committed accompaniment of their families.

Palabras clave:
epigenética educativa, socioemocionalidad, educación musical, familia, transformación
educational epigenetics, emotional partner, music education, family, transformation

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Recibido: 12 de abril de 2021; Aceptado: 6 de julio de 2021

Resumen

El presente artículo hace referencia a la propuesta de atención pedagógica musical en tiempos de pandemia y confinamiento, a partir de mecanismos epigenéticos de reflexión propositiva frente a las necesidades de la nueva realidad educativa, familiar y social. Se presenta cómo estos mecanismos favorecen la transformación de paradigmas en los modelos de aprendizaje y cómo la atención socioemocional es fundamental en la motivación estudiantil para continuar aprendiendo con más gusto y entusiasmo, junto con el acompañamiento comprometido de sus familias.

Palabras clave:

epigenética educativa, socio emocionalidad, educación musical, familia, transformación..

Abstract

This article refers to the proposal for musical pedagogical intervention in times of pandemic and confinement based on epigenetic mechanisms of propositional reflection in the face of the needs of the new educational, family, and social reality. It presents how these mechanisms favor the transformation of paradigms in learning models and how emotional partner attention is fundamental in student’s motivation to continue learning more gladly and enthusiastically, this with the committed accompaniment of their families.

Keywords:

educational epigenetics, emotional partner, music education, family, transformation..

Resumo

Este artigo refere-se à proposta de atenção pedagógica musical em tempos de pandemia e confinamento a partir de mecanismos epigenéticos de reflexão proposicional diante das necessidades da nova realidade educacional, familiar e social. Apresenta como esses mecanismos favorecem a transformação de paradigmas nos modelos de aprendizagem e como a atenção emocional do parceiro é fundamental na motivação do aluno para continuar aprendendo com mais prazer e entusiasmo, isso com o acompanhamento comprometido de suas famílias.

Palavras-chave:

epigenética educacional, parceiro emocional, educação musical, família, transformação..

Introducción

Durante las últimas décadas, organizaciones como la Unesco (Conferencia mundial sobre la Educación Artística, 2006); (Foro Mundial de educación, 2015) y la ONU (Foro Mundial sobre Objetivos de Desarrollo Sostenible, 2015), han realizado sendos pronunciamientos frente a la necesidad de renovar e implementar nuevos sistemas educativos que atiendan a las ciudadanías del mundo y que se configuren como nuevos paradigmas desde una educación de calidad, equitativa, incluyente y pertinente con los contextos y necesidades del siglo XXI.

En ese sentido, dentro de los factores asociados a la transformación de la educación se encuentran la promoción y el desarrollo integral del ser humano. Este último requiere abordar las diferentes dimensiones que lo componen, no solamente en lo cognitivo, sino en aspectos como las emociones, la resiliencia, la comunicación asertiva, la inteligencia social, la creatividad, el pensamiento crítico propositivo, es decir, una educación para la vida (Bisquerra,2009). Estos aspectos, sin lugar a dudas, han sido más evidentes a partir de la nueva realidad de pandemia que desde hace más de un año está viviendo el mundo entero y que, con mayor razón, han enfrentado al sistema educativo con una nueva mirada pedagógica, con los retos de la dinámica escolar que han mutado de la escuela a la casa y, a su vez, han incidido en la vida de las familias de estudiantes y maestros.

Por ello, durante los tiempos de pandemia y confinamiento fue necesario reflexionar acerca del rol del maestro con el objetivo de innovar la práctica pedagógica que transitó de la presencialidad a la virtualidad y, a su vez, a la educación remota. Así, mediante procesos epigenéticos1 de reflexión, conexión y transformación educativa hemos logrado desarrollar estrategias de aprendizaje musical en las cuales abordamos la promoción de habilidades para la vida como son: la creatividad, el pensamiento crítico y la gestión de las emociones. Con ello, también hemos comprendido que los problemas emocionales suscitados en los estudiantes y en las familias, a raíz de esta situación tan difícil para la humanidad, también debían ser atendidos por la escuela. Así, encontramos con nuestros estudiantes de secundaria una oportunidad de innovación que ha transformado los paradigmas educativos escolares desde la experiencia musical “Armonías de paz, la educación musical y el pensamiento crítico, una formación integradora para la ciudadanía y la vida”, ganadora del Foro Educativo Distrital 2020, en el Colegio Venecia IED de la ciudad de Bogotá.

La reflexión propositiva en tiempos de pandemia

Cuando abordamos el recurrente tema de cambio y transformación pedagógica en educación, es muy común que los profesores nos detengamos a analizar, con especial énfasis, los factores exógenos a nuestra práctica pedagógica y dejemos de lado los factores endógenos y más próximos a nuestra realidad profesional. Es decir, pensamos y creemos que las problemáticas del sistema tienen su principal raíz en: los estudiantes, los directivos docentes, los padres de familia, inclusive, hasta en quienes lideran y gestan la política pública. Esto, debido a que nuestro sistema de creencias y paradigmas acuñados durante años nos hacen pensar que esa es la única realidad (Jiménez, 2019a) . No obstante, las cosas distan de esa mirada sesgada, donde las causas más próximas están justamente en nosotros mismos, los maestros.

Reflexionar propositivamente frente a nuestra realidad como docentes de la educación pública es un asunto que debe ir más allá de la mirada meramente personal, para transitar hacia la vinculación articulada de dinámicas y análisis del contexto sobre el cual se desarrolla nuestra práctica pedagógica. Lo anterior incluye a todos los agentes que dependen de nuestras prácticas y decisiones pedagógicas allí, entre ellos, los estudiantes, sus familias, nuestras familias y, en suma, el ecosistema comunitario, más aún, bajo las nuevas circunstancias de pandemia y confinamiento a las cuales nos hemos visto abocados absolutamente todos.

Al respecto, el ejercicio de reflexión propositiva frente a mi rol docente en esta nueva realidad me llevó a repensar algunas de las dinámicas que normalmente realizo en clase presencial. Porque era claro que los estudiantes y sus familias habían sido golpeados no solamente en su situación familiar, laboral, económica, sino también en su situación psicológica y emocional. Bastó con escuchar en los medios de comunicación, en los informes educativos formales e informales, así como en nuestros colegios, cómo varios de nuestros estudiantes estaban atravesando crisis de ansiedad, patologías clínicas adversas y difícil convivencia familiar. Asuntos que requerían ser atendidos con urgencia, no sólo por el sistema de salud, sino por la escuela.

Esa afectación que empezó a vislumbrarse en las primeras semanas de confinamiento me llevó a reflexionar propositivamente acerca de cómo podría ofrecer alternativas educativas diferenciadoras desde la educación musical, en las que los estudiantes y sus familias reconstruyeran su red emocional y familiar, pero sin dejar de lado la significativa experiencia del aprendizaje musical. En este sentido, comprendí que los maestros debemos articular la experiencia educativa con el desarrollo de tres dimensiones integrales del ser humano: cognoscitiva - corpórea - emocional (triada pedagógica dimensional) y armonizarla, a su vez, con las necesidades del contexto real de los estudiantes y de la comunidad. Porque de no ser así, estaremos profundizando las problemáticas no sólo del propio desarrollo académico, sino de órdenes psico social y emocional y que, hoy más que nunca, la pandemia ha aflorado en cada contexto familiar y educativo.

En consecuencia, esta reflexión sobre la difícil situación que estábamos viviendo a principios de 2020 me condujo a encontrar una nueva forma de encarar los nuevos propósitos y posibles cambios de la práctica pedagógica. Esta se origina desde el análisis reflexivo a partir de la activación de procesos epigenéticos educativos, para comprender mejor la situación adversa y proponer creativamente nuevas metodologías de atención educativa ante este particular escenario. Los logros alcanzados superaron lo esperado y ahora esta metodología de transformación se convierte en un nuevo aporte, no sólo para la práctica pedagógica musical, sino para cualquier contexto educativo donde se busque mejorar la práctica docente y los procesos de enseñanza aprendizaje escolar.

La Epigenética educativa

Al respecto, primero hay que ubicar el sentido de la epigenética dentro del campo de la educación, a partir del significado científico fundamental del mismo.

La epigenética surge como campo emergente de la ciencia a mediados del siglo XX. El investigador y biólogo Conrad H. Waddington introdujo el término de epigenética para referirse al análisis causal del desarrollo. Para el científico, el análisis causal, forma parte del epigenoma dentro de sus relaciones genéticas y biológicas, (Bedregal, Shand, Santos, Ventura, 2009). Es decir, hace referencia a la forma de comprender los cambios hereditarios del ser humano y la manera en que éstos son asociados, no sólo al campo de la biología y la genética exclusivamente, sino también cómo se relaciona íntimamente con el desarrollo y complejidad del comportamiento humano, con sus deseos, miedos, paradigmas, relaciones intrapersonales, interpersonales y con sus emociones.

En esta línea, la epigenética tuvo gran acogida en la comunidad científica desde mediados del siglo XX por tratarse de una apuesta científica que daba cuenta de la comprensión del comportamiento humano desde una mirada sistémica, científica y social. Fue así como, durante las últimas décadas del siglo pasado, despertó el interés de otras disciplinas como la psicología, la sociología, la psiquiatría y ya, más recientemente, en el campo de la educación. Lo anterior, porque permitía comprender comportamientos específicos y formas de afrontar problemáticas psico sociales de una manera más compleja, pero con mayor comprensión de la realidad y de los contextos humanos (Bedregal, et al, 2009).

En ese orden de ideas, dentro del campo epigenético se plantea la necesidad de comprender la realidad apartando los paradigmas y sistema de creencias que genéticamente y por aprehensión social hemos acuñado a lo largo de vida (D´arc, Lange, 2001). Esto para dar paso a la activación de mecanismos que logren romper esos paradigmas y proponer nuevas metodologías para encarar las circunstancias adversas de la vida o, simplemente, aquellas que no nos satisfacen en nuestro diario vivir. Es decir, los seres humanos construimos y activamos epigenéticamente, a lo largo de la vida, una serie de creencias y paradigmas que van determinando nuestro actuar, forma de pensar, de ver las cosas y de tratar de comprendernos dentro del mundo que nos rodea, es parte de nuestra naturaleza y los docentes no escapamos a ello. No obstante, estos procesos a su vez son determinados por las emociones que vienen precedidas por los pensamientos y que, de acuerdo con los estados mental y emocional, positivo o negativo, activa o desactiva las células y hasta los genes, esto es, cambian con la voluntad del ser, e incide epigenéticamente en una nueva forma de sentir, analizar y proponer en el actuar en relación íntima con el ecosistema que lo rodea (Rojas, 2016).

A esto se suma que, en el campo de la educación, los docentes tenemos continuos afrontamientos desde nuestra labor educativa y, dependiendo de nuestro sistema de creencias y paradigmas, tomamos decisiones que pueden favorecer o afectar el proceso formativo de los estudiantes. Dicho de otra forma, en nuestra dinámica educativa los docentes estamos en permanente activación de mecanismos epigenéticos que determinan nuestro pensar, sentir y actuar en la escuela y así incidimos directamente en nuestro estudiantado. En ese sentido, Núñez y Fontana (2009) plantean la importancia de la actitud y la conexión que los docentes realizan con los estudiantes en el aula, de manera tal que se automotiven y, a su vez, sean actores motivadores para los chicos, con el fin de generar un ambiente más proclive al proceso de enseñanza aprendizaje efectivo y de calidad.

Es aquí donde encontré que la reflexión propositiva podría ser un mecanismo de activación epigenética en aras de proponer una solución pedagógica a la nueva realidad surgida por la pandemia. Así mismo, efectivamente logré activarla con el análisis y comprensión de la situación de pandemia y su incidencia en los estudiantes, en sus familias y en la nueva vida escolar, así como en mi quehacer pedagógico a la luz de la nueva realidad. Esta reflexión me permitió comprender que el confinamiento estaba perjudicando los procesos educativos, que los estudiantes se sentían desmotivados, que los padres de familia estaban afanados y estresados. Entre otras cosas, porque la educación remota planteada desde los entes educativos no había tenido en cuenta las falencias de conectividad y de medios virtuales para atender los requerimientos de aprendizaje por parte del estudiantado.

Entonces, el camino tenía dos posibles rutas. Aquella del conformismo, con pensamientos y actuaciones inconsecuentes frente a nuestros estudiantes y sus familias en medio de una pandemia. Como segunda opción, la de activación epigenética desde la reflexión propositiva que, en contravía a la anterior, ofrecía soluciones reales y pedagógicas ante esta adversidad.

Esas circunstancias, reflexionadas propositivamente, comprendidas sistémicamente mediante el análisis de mi rol como maestro y activadas epigenéticamente (capacidad de romper mi sistema de creencias y paradigmas), finalmente sirvieron para convertirse en insumo pedagógico para nuestra clase de música. Lo anterior fue un acierto, porque permitió que surgiera una propuesta pedagógica innovadora y armonizada con el trabajo de aula que ya había sido curricularizado años atrás en nuestra asignatura artística del Colegio Venecia IED.

La música y el afrontamiento socioemocional

La escuela es el lugar donde se evidencian reiteradamente los estados emocionales del alumnado, con experiencias vividas en los vínculos familiar y social de sus comunidades. En esta misma línea, Bisquerra (2006) enfatiza que en la escuela los alumnos evidencian con regularidad sus sentimientos, emociones e interrelaciones con sus pares, como parte de la formación integral y del desarrollo de la personalidad, y afectan e inciden en la vida escolar, personal y familiar. No obstante, la escuela no atiende de manera asertiva estas situaciones porque adolece de una justa preparación en el área socioemocional. Además, ésta no hace parte de los currículos institucionales porque, en muchas ocasiones, no está formalizada en los sistemas educativos. Es decir, se evidencia escasa atención pedagógica en la formación socioemocional de los docentes y del estudiantado.

Para el caso de nuestro contexto nacional y, antes de la pandemia, hemos estado en mora de revaluar los currículos institucionales conforme a las necesidades apremiantes que emanan de los contextos educativos de nuestro país, con historia de años de violencia y escasa formación ciudadana y de convivencia, especialmente, desde la educación socioemocional. Estas falencias han sido determinantes en la exigua cultura de convivencia y ciudadanía para la vida y la paz del común de los contextos donde realizamos la mayor parte de la atención del sistema educativo.

Por tal razón, años atrás inicié el proceso de transformación curricular e intervención escolar desde la experiencia musical y planté dentro de los objetivos la promoción y desarrollo de habilidades socioemocionales. La pertinencia de estas habilidades es acorde con la sentida necesidad de solventar esta falencia educativa que, a la par, apunta a ofrecer una educación con calidad, equitativa e incluyente, conforme a los requerimientos educativos y sociales del siglo XXI.

Al respecto, las actividades musicales escolares mediadas por didácticas de orden socioemocional han demostrado mejorar el rendimiento escolar y el desarrollo pleno del ser humano, los cuales permiten una comunicación comunitaria que fortalece los vínculos y el trabajo colaborativo (Pastor, 2019). En este sentido, se vislumbra el papel transformador de la educación musical como promotora de las competencias socioemocionales que ayuda desde la comunicación y representación simbólica (interpretación musical) a la comprensión y refuerzo de las normas sociales (Merrian, citado por Zapata, Goubert y Maldonado, 2005), con mayor razón, en tiempos de pandemia y confinamiento.

Aun así, no sobra recordar la íntima relación que tiene la música con los estados socioemocionales del ser humano, su incidencia y alcances que han sido tema de estudio por muchos años, especialmente por las disciplinas neurocientíficas y musico terapéuticas. Estas han arrojado hallazgos significativos que han permitido llevar a la actividad musical a un estatus de promotora de bienestar físico y emocional, inclusive en pacientes diagnosticados con daños cerebrales y patologías como el Alzheimer (Taylor, 2010).

Por su parte, la experiencia musical escolar debe ser partícipe de nuevas formas de cultivar las habilidades socioemocionales, toda vez que, es una actividad agradable para todas las personas, genera empatía, memoria. Además, porque la ciencia ha demostrado cómo la experiencia musical activa neurotransmisores como la dopamina que conecta sentimientos y estados emocionales positivos frente a acontecimientos adversos o difíciles, tal como ha sido la situación de pandemia. Es decir, la música permite que el ser humano exprese abiertamente su mundo interior y lo comparta con semejantes que advierten las mismas condiciones humanas (Pellizari y Rodríguez, 2015).

Cuando escuchamos una melodía que invita al movimiento corporal, a llevar las palmas, a cantar o tararear, ya lleva un componente socioemocional vinculante que favorece y mejora los estados emocionales y que permite ser resilientes con las adversidades y complejidades del diario vivir. Lo anterior porque los sonidos y, especialmente, las letras de las canciones nos evocan recuerdos que ayudan a activar el afrontamiento personal, familiar y social.

En ese orden de ideas, con la propuesta de transformación pedagógica escolar pude dar cuenta de cómo la experiencia musical para los estudiantes y sus familias se convirtió en activación de mecanismos epigenéticos que condujeron a una nueva forma de atender pedagógica y efectivamente la nueva situación expuesta, al tiempo que permitió el reencuentro y la reconstrucción del tejido familiar.

De la pandemia a la piragua

Una de las actividades que hemos desarrollado dentro de la clase de música, desde hace años, está relacionada con el desarrollo del pensamiento crítico y creativo, desde el análisis de canciones cuyas temáticas están relacionadas con problemáticas en contexto. Esto lo hacemos en dos fases: la primera se llama intervención o parodia musical2, en la que tomamos una canción conocida y después de una reflexión sobre alguna temática o circunstancia específica, se cambia la letra para darle un nuevo sentido y mensaje al cantar. En la segunda fase, a partir de un trabajo colaborativo de análisis de problemáticas y temáticas en contexto, los estudiantes componen en su totalidad (letra y melodía) canciones inéditas con la intención de dar un mensaje y propósito frente a esas problemáticas.

Durante seis años ya se han realizado más de 2.000 intervenciones o parodias musicales y cerca de 130 creaciones o composiciones musicales que cuentan con el acompañamiento musical de la orquesta del colegio, la Big Band Venecia. Estas producciones han sido presentadas ante la comunidad educativa, en el festival de la Canción Veneciana “Somos agentes de paz”.

Durante 2020, y debido a la situación ya mencionada, invité a los muchachos a tomar la canción “La piragua3” del maestro José Barros. Primero la cantamos, la aprendimos en las clases virtuales y aprendimos a realizar el acompañamiento musical con instrumentos sonoros de percusión elaborados en casa con utensilios de cocina y elementos reciclables. Luego de este ejercicio, se propuso a los estudiantes realizar, junto con sus familias, escritos de reflexión y análisis de la situación de pandemia y confinamiento por la cual pasábamos en ese momento y en la que se vislumbraba un escenario poco halagador, preocupante y muy estresante.

De esta primera tarea surgieron una serie de escritos en los que los estudiantes y sus familiares expresaron todos esos sentimientos y emociones de angustia, enojo, incertidumbre y preocupación que les afectaban, especialmente, en su bienestar emocional. Luego de esto, se les pidió que en familia crearan instrumentos sonoros musicales de percusión con utensilios y objetos de la casa como: ollas, cajas, recipientes, ralladores, cucharas, etc., para que luego cantaran en familia y se acompañaran con dichos instrumentos. En este caso, los hijos compartieron los conocimientos musicales adquiridos en clase con sus padres y familiares, de manera tal que fue una actividad muy bien recibida por las familias ya que participaron y se divirtieron en comunidad.

Seguido a esto, vino lo mejor, lo inesperado, pues, a partir de la creación conjunta familiar, se pudo evidenciar el significativo aporte de la activación de mecanismos epigenéticos desde la creatividad musical. Lo anterior debido a que se solicitó a los estudiantes que junto con sus familias cambiaran la letra de la canción “La piragua”, con base en los escritos de reflexión que habían realizado sobre la pandemia. Además, debían cantarla con acompañamiento instrumental y finalmente grabarla en vídeo para presentarla Esto fue maravilloso, porque se evidenció el poder integrador y transformador de la música, se pudo constatar en los escritos, en los vídeos y en las evaluaciones de las actividades realizadas con los estudiantes y con los padres de familia que esto les había permitido reencontrarse, volver a hablar, a mirarse a los ojos. Hubo gestos de resiliencia, de gestión de las emociones, se conectaron como familia y les ayudó a sobrellevar emocionalmente esta situación. Los padres de familia no creían que pudieran ser compositores y creativos desde la música, aprendieron que se puede cambiar los paradigmas que niegan la posibilidad de cambiar los sistemas de creencias y que, en los contextos familiares vulnerables, evidencian deficientes lazos de comunicación, tal como lo expresaron los estudiantes y padres de familia cuando se les indagó por el proceso y resultado del trabajo musical propuesto.

De esta forma, con la actividad musical propuesta activamos pensamientos y emociones positivas, y conectamos los neurotransmisores de la dopamina, que genera alegría, estados de felicidad y satisfacción. Esto se ha observado como un mejoramiento de los estados socioemocionales de los estudiantes y de sus familias, que es justamente parte de los objetivos de los que debe ocuparse la escuela, tal como lo afirman Bisquerra (2006), Taylor (2010) y Rojas (2016).

Ahora bien, dentro de la propuesta curricular de música ya se venía trabajando sobre estos aspectos de la educación socioemocional. Así mismo, hemos conseguido armonizar los fundamentos propios de la música con las habilidades del siglo XXI como son: el pensamiento crítico, la creatividad, el trabajo colaborativo y la convivencia para la vida. Estos aspectos evidencian lo expuesto por autores como Goleman (1994), Nussbaum (2012), Jiménez (2019b) quienes replican la importancia pedagógica de la educación musical y artística en el desarrollo integral del ser humano, al igual que de la inteligencia emocional y de capacidades para la ciudadanía y la convivencia. Entre otras cosas, porque la escuela construye conocimiento y experiencias para la vida de manera conjunta con todos los actores de la comunidad.

Entonces, una situación adversa y problemática como ha sido la pandemia, la convertimos en oportunidad de mejoramiento y cambio gracias al proceso pedagógico propuesto para ser realizado en familia y a partir de la canción la piragua, tal como lo expresan algunas de las canciones de los estudiantes y familias de 2020. A continuación, algunos fragmentos:

  • (Familia Gutiérrez Rojas, 1101-1103)

  • “La pandemia, la pandemia…

  • la pandemia, la pandemia…

  • me contaron mis abuelos que hace tiempo

  • respirábamos un aire freso y puro

  • pero ahora con la contaminación

  • en las calles ya no andamos tan seguros

  • hoy en día nos azota un nuevo virus

  • si salimos la policía nos multa

  • ese virus no sólo ataca a los niños

  • sino también ataca a la gente adulta

  • esta es la pandemia que inventaron los chinos

  • es pa´ todo el mundo y es pa´ todo el mundo

  • esta es la pandemia que inventaron los chinos

  • es pa´ todo el mundo y es pa´ todo el mundo

  • la pandemia, la pandemia…

  • la pandemia, la pandemia…”

  • (Familia Marín Sabogal, 1103)

  • la pandemia, la pandemia…

  • la pandemia, la pandemia…

  • Me contaron lo de Wugan que un diciembre

  • se esparcía una bacteria llamada coronavirus

  • que partía desde China y por Asia

  • la epidemia pasaría a pandemia

  • acercándose el Covid estremecía

  • y alertaba desafiando a las personas

  • y un ejército de virus nos seguían

  • infectando y provocándonos la muerte

  • era la pandemia en Colombia y el mundo

  • era la pandemia, era la pandemia…

  • era la pandemia en Colombia y el mundo

  • era la pandemia, era la pandemia…

El maestro que conecta y transforma

Cuando en la escuela se requiere transformar las prácticas y procesos de enseñanza aprendizaje y, en este caso, cuando la pandemia lo exige, el maestro es fundamental en la toma de decisiones y en el empoderamiento de la comunidad frente a propuestas innovadoras que rompen paradigmas e invitan a hacer del proceso un espacio de alegría y empatía. Es importante tener en cuenta el rol del maestro como agente motivador y de intervención en el aula y fuera de ella, quien, a su vez, desarrolla y construye con sus alumnos relaciones socioemocionales que los hacen más empáticos con el aprendizaje y a desarrollar sentido de identidad y pertenencia escolar (Núñez y Fontana, 2009), (Aspelin, 2019). La automotivación del maestro desde el ejercicio de reflexión propositiva de su quehacer pedagógico es parte del análisis de los factores y las interrelaciones que inciden en el desarrollo y el alcance de los objetivos escolares propuestos.

Así, la automotivación del maestro logra conexión emocional y empática con sus estudiantes y con él mismo. A su vez, esto genera la actitud positiva, necesaria para lograr estados de salud que favorezcan el desarrollo personal y profesional porque, como afirma Goleman (1994), las emociones y motivaciones positivas que logra cultivar el ser activan las células y hormonas cerebrales que controlan todos los estados de la persona. Por ello, en nuestro caso musical, al haber propuesto estas actividades artísticas los estudiantes y familias se unieron en objetivos comunes, también se logró conectarlos con sus sentimientos y emociones para transformar sus miedos y ansiedades o, sus problemas y preocupaciones en oportunidad de cambio y transformación para mejorar (mecanismos epigenéticos).

Lo anterior es uno de los aspectos que toman mayor valor en la propuesta que hemos logrado desarrollar, porque atiende de manera clara y educativa las necesidades reales del contexto escolar con equidad, inclusión y justa medida, donde todos aprendemos y salimos favorecidos. Los estudiantes activaron su motivación por aprender, los padres de familia se hicieron partícipes del aprendizaje de sus hijos, también aprendieron, además, cantaron y tocaron instrumentos juntos. Por mi parte, como maestro, logré orquestar una conexión sistémica de valores, emociones y nuevos paradigmas con los intereses y necesidades de la comunidad, surgidas en tiempos de pandemia.

En consecuencia, es importante comprender la esencia del cambio y la transformación cuando se activan los mecanismos epigenéticos para cambiar y transformar el sistema de creencias. Esto da paso a una nueva visión de educación totalizadora y con fundamento en la realidad y en el contexto escolar a partir de una continua reflexión educativa sobre el contexto y necesidades de la comunidad, tal como ha sido expuesto desde diferentes miradas por expertos educativos e investigadores, como son: Freire (1970), Shiefelbein (1993), Elliot (1994), Girox (1997), Schön (1998), Morin (2001), Correa y Álvarez (2010) y Jiménez (2019b).

Conclusiones

Esta experiencia musical nos ha permitido cambiar paradigmas de aprendizaje y nos lleva a seguir construyendo conocimiento de cara a la nueva educación post pandemia.

Para lograr una transformación del quehacer del maestro, un buen camino es reconocer y activar los mecanismos epigenéticos -que son la relación compleja y ecosistémica de las creencias, paradigmas, emociones, pensamiento y acciones, acuñadas por transmisión genética y por apropiación cultural e histórica-. No son estáticas ni permanentes, por el contrario, son susceptibles de cambio y trasformación. Es aquí, donde la reflexión propositiva del maestro, el análisis y la introspección, le permite reconocer la realidad de su interioridad y, así, comprender las necesidades de su exterioridad (profesión docente - escuela - estudiantes) para lograr sus expectativas con la ayuda de los mecanismos epigenéticos transformadores.

Una educación humanizadora busca atender las necesidades y realidades de la comunidad educativa, en este caso, han sido más apremiantes por la situación mundial de pandemia. Pero debemos enfocarnos en seguir adelante para construir posibilidades futuras dentro del marco de una educación que armonice sus objetivos con las habilidades del siglo XXI, pues somos los maestros los primeros agentes innovadores y transformadores de la sociedad.

Por otro lado, muy seguramente, desde nuestras especialidades pedagógicas cada uno de los maestros tenemos la posibilidad de proponer nuevas metodologías y didácticas que ante todo despierten el gusto y la motivación por construir aprendizajes significativos para la vida en el estudiantado. En ello, también debemos ser estratégicos para vincular a las familias en los procesos educativos como medio de aprendizaje significativo, toda vez que, fortalece lazos emocionales, los hace partícipes del aprendizaje de los hijos y los involucra en el desarrollo integral que se pretende desde la escuela. Se ha comprobado que un fortalecimiento de la comunicación y lazos familiares redunda en un mejor aprendizaje de los estudiantes dado el trabajo colaborativo desde la experiencia y conocimiento de los adultos quienes, a su vez, son un referente para los jóvenes.

Finalmente, desde mi experiencia personal, puedo afirmar que la reflexión propositiva como estrategia y metodología educativa es un camino efectivo en el logro de los objetivos personales y profesionales. Activar los mecanismos epigenéticos y articularlos a la labor educativa es una eficaz forma de garantizar una mejor propuesta educativa para nuestras comunidades.

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(1)
Jiménez Jaimes, D. A. De la pandemia a “la piragua”, conexión y transformación socio emocional para aprendizajes en familia. Educ. ciudad 2021, 229-242.

ABNT

JIMÉNEZ JAIMES, D. A. De la pandemia a “la piragua”, conexión y transformación socio emocional para aprendizajes en familia. Educación y Ciudad, [S. l.], n. 41, p. 229–242, 2021. DOI: 10.36737/01230425.n41.2600. Disponível em: https://revistas.idep.edu.co/index.php/educacion-y-ciudad/article/view/2600. Acesso em: 1 feb. 2023.

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Jiménez Jaimes, Daniel Antonio. 2021. «De la pandemia a “la piragua”, conexión y transformación socio emocional para aprendizajes en familia». Educación y Ciudad, n.º 41 (julio):229-42. https://doi.org/10.36737/01230425.n41.2600.

Harvard

Jiménez Jaimes, D. A. (2021) «De la pandemia a “la piragua”, conexión y transformación socio emocional para aprendizajes en familia», Educación y Ciudad, (41), pp. 229–242. doi: 10.36737/01230425.n41.2600.

IEEE

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D. A. Jiménez Jaimes, «De la pandemia a “la piragua”, conexión y transformación socio emocional para aprendizajes en familia», Educ. ciudad, n.º 41, pp. 229–242, jul. 2021.

MLA

Jiménez Jaimes, D. A. «De la pandemia a “la piragua”, conexión y transformación socio emocional para aprendizajes en familia». Educación y Ciudad, n.º 41, julio de 2021, pp. 229-42, doi:10.36737/01230425.n41.2600.

Turabian

Jiménez Jaimes, Daniel Antonio. «De la pandemia a “la piragua”, conexión y transformación socio emocional para aprendizajes en familia». Educación y Ciudad, no. 41 (julio 22, 2021): 229–242. Accedido febrero 1, 2023. https://revistas.idep.edu.co/index.php/educacion-y-ciudad/article/view/2600.

Vancouver

1.
Jiménez Jaimes DA. De la pandemia a “la piragua”, conexión y transformación socio emocional para aprendizajes en familia. Educ. ciudad [Internet]. 22 de julio de 2021 [citado 1 de febrero de 2023];(41):229-42. Disponible en: https://revistas.idep.edu.co/index.php/educacion-y-ciudad/article/view/2600

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